martes, 2 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Hasta que pase un huracán – Margarita García Robayo.

García Robayo, Margarita (2015) Hasta que pase un huracán. Laguna Libros. Bogotá, Colombia.

(…) Toño se pegará a mi espalda, me abrazará por la cintura y me dirá al oído: algún día saldremos de acá. Y yo: acá nos quedaremos hasta que pase un huracán (p. 36).
A Margarita García Robayo la he venido siguiendo desde hace un tiempo. Sé que es cartagenera y reside en Buenos Aires; ha publicado títulos como Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza (2009), Las personas normales son muy raras (2011), Lo que no aprendí (2013), y Cosas peores (2014), entre otros. Éste último le mereció el premio literario Casa de las Américas en el mismo año de la publicación del texto, razón por la cual se ha situado como una de las voces femeninas más interesantes de la narrativa colombiana contemporánea, y tal vez, de todo el continente latinoamericano.

Recientemente, he terminado de leer Hasta que pase un huracán (2015), uno de esos libros que son pequeñitos, pero que tienen un contenido inmenso. Es un texto que se lee de un tirón, rapidito, como un suspiro. La historia gira alrededor de una mujer que ha decidido que el único propósito de su vida es convertirse en extranjera, escapando de la ciudad costera que la vio nacer, en donde el tedio es la condena que se ha de cumplir; con el tiempo, su anhelo por estar lejos se hace más grande, y decide que su vida no tiene más remedio que ir de aquí para allá, de arriba a abajo, de abajo a arriba, contando hacia atrás, 25, 24, 23… Es una mujer que no sabe si va o viene, que no se queda quieta; una mujer que es como el viento.

Con un ritmo sencillo, lo narrado adquiere fuerza y permanece en la cabeza del lector de principio a fin. “Yo odiaba a mi ciudad porque era bellísima y también feísima, y yo estaba en el medio. El medio era el peor lugar para estar: casi nadie salía de ese medio, en el medio vivía la gente insalvable; allí no se era tan pobre como para resignarse a ser pobre para siempre, entonces la vida se gastaba en el intento de escalar y redimirse” (p. 7). Una gran economía de palabras, recursos bien utilizados (flashbacks, diálogos no convencionales, planos medios, etc.), y un ambiente que fluye, hacen de esta novela lo que es: una reflexión sobre la posibilidad de estar vivo, mientras no se espera nada más que seguir, aunque ni siquiera eso sea suficiente; vivir, eso y nada más.

Pues bien, recomiendo la lectura de este libro, no tanto por su historia, sino por la forma en que está contada; seguramente, más de un lector sentirá ganas de leer mucho más y quedará con la sensación, buena o no, de que la vida no es más que sentarse a esperar hasta que pase un huracán.



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