sábado, 13 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Este lugar de la noche – José Manuel Arango.

Arango, José Manuel (1984) Este lugar de la noche. Colección Popular. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá, D. C.

1
Sentados
En círculo, el rostro
Cerrado por enigmática
Sonrisa

Los sordos
Hacen signos extraños
Con los dedos

2
Y cuando la oscuridad
Es silencio

Oyen
Con la sien en el puño
Sus pensamientos
Asilo, José Manuel Arango.

Otro libro de poesía para el historial de mis lecturas, lo que es un dato no menor, teniendo en cuenta que no suelo acudir a la lírica cuando de leer se trata. Con este poemario me encontré por accidente, aunque ya había recibido referencias de su autor. Este lugar de la noche, una amalgama de sueños y tentaciones nocturnas, de sabores, imágenes y olores. Un libro de poesía, un poema sobre los libros, sobre la vida.
José Manuel Arango (Carmen de Viboral, Antioquia, Colombia, 1937 - Medellín, 2002). Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento de la Universidad de Antioquia, en 1988.
Este libro suyo lo escribe de manera rigurosa y elaborada. "Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad", escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: "Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco".
No sé si estos versos sean de un Novalis, o un Rimbaud, o un Flaubert, solo puedo dar cuenta de que he leído un libro en el que la vida se condensa de a poquitos, a lo largo de cada estrofa, llenándolo todo de un aroma distante a canela, a pasto mojado, a noche húmeda, a luna llena… En algún lugar de la noche, un par de letras están esperando para ser descritas, tocadas, recordadas. ¿No es el mundo un lugar para escribir? La noche da cuenta de lo sutil que puede ser esta vida, solo hay que saber escuchar.

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