miércoles, 17 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Si el río hablara… – Alexandra Escobar, Nora González, César Badillo.

César Badillo Alexandra Escobar, Nora González (2014) Si el río hablara. Teatro Colombiano. Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Bogotá, Colombia.
«Todos corrieron en la plaza, en el circo, en el atrio, en donde el sello de Dios hizo palidecer las ventanas. Carlos mató a Bernardo, Ernesto mató a Heriberto y Pedrito, hijos gemelos de don  Bautista. Melquiades mató a Patrocinio, vecino de Jenny. Jenny mató a Ferney, Conejo mató a Jenny. Vicente mató a Carlos, Isidro mató a Pompilio, Alicia mató a Conejo…»

No suelo leer piezas teatrales, por lo que esta lectura ha sido significativa en todo sentido. Me fue recomendada por una de las personas a las que más aprecio en este mundo; un día, me dijo que, de seguro, esta obra sería de mi agrado. Pues, no se ha equivocado. Si el río hablara (2014) se ha convertido en mi obra de teatro favorita.
Este es un libro que habla sobre perderse, dejarse llevar; sobre llorar y no encontrar el camino de regreso. Narra una historia acerca de la violencia, el abandono, y la fragilidad de los cuerpos. A lo largo de 40 páginas, se describen en 11 escenas, las acciones que transcurren entre 9 personajes, de los que destacan tres: Poeta, Mujer y Devota. Alrededor de ellos, el lector podrá enterarse del desarrollo de las situaciones y comprender que la premisa de esta historia es que, a veces, la razón del dolor camina en nuestros sueños, sin que oigamos sus pasos.
Se trata, pues, de una reflexión acerca de la memoria de las víctimas de la guerra, a través de tres voces que quieren salir, cada una a su manera, de esa zona gris que es la pérdida del sentido de la vida. MUJER es una madre que ha perdido a su hija y de la que no conoce detalle alguno sobre su paradero; POETA, un hombre al que se le revela, de a pocos, su propósito en el mundo, aunque éste siga un rumbo errado; DEVOTA, otra mujer que se resiste al olvido y busca en su vida la memoria de los muertos del agua. Los santos orientan sus días y la mierda sus groserías.
Como el libro es pequeño, el comentario es pequeño, pero no quiere decir que no tenga mucho más que manifestar acerca de este ejercicio de lectura. Es que con el teatro pasa algo extraordinario: Si uno no ve la obra o la lee, entonces, todo el esplendor, la magia, la escenografía, se pierde. Recomiendo esta lectura a todos los que en algún momento han sentido que tienen las manos frías, o que sus palabras dilatan sangre. Qué todo buen lector pueda escuchar aquello que diría el río si éste hablara.

sábado, 13 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Este lugar de la noche – José Manuel Arango.

Arango, José Manuel (1984) Este lugar de la noche. Colección Popular. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá, D. C.

1
Sentados
En círculo, el rostro
Cerrado por enigmática
Sonrisa

Los sordos
Hacen signos extraños
Con los dedos

2
Y cuando la oscuridad
Es silencio

Oyen
Con la sien en el puño
Sus pensamientos
Asilo, José Manuel Arango.

Otro libro de poesía para el historial de mis lecturas, lo que es un dato no menor, teniendo en cuenta que no suelo acudir a la lírica cuando de leer se trata. Con este poemario me encontré por accidente, aunque ya había recibido referencias de su autor. Este lugar de la noche, una amalgama de sueños y tentaciones nocturnas, de sabores, imágenes y olores. Un libro de poesía, un poema sobre los libros, sobre la vida.
José Manuel Arango (Carmen de Viboral, Antioquia, Colombia, 1937 - Medellín, 2002). Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento de la Universidad de Antioquia, en 1988.
Este libro suyo lo escribe de manera rigurosa y elaborada. "Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad", escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: "Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco".
No sé si estos versos sean de un Novalis, o un Rimbaud, o un Flaubert, solo puedo dar cuenta de que he leído un libro en el que la vida se condensa de a poquitos, a lo largo de cada estrofa, llenándolo todo de un aroma distante a canela, a pasto mojado, a noche húmeda, a luna llena… En algún lugar de la noche, un par de letras están esperando para ser descritas, tocadas, recordadas. ¿No es el mundo un lugar para escribir? La noche da cuenta de lo sutil que puede ser esta vida, solo hay que saber escuchar.

martes, 2 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Hasta que pase un huracán – Margarita García Robayo.

García Robayo, Margarita (2015) Hasta que pase un huracán. Laguna Libros. Bogotá, Colombia.

(…) Toño se pegará a mi espalda, me abrazará por la cintura y me dirá al oído: algún día saldremos de acá. Y yo: acá nos quedaremos hasta que pase un huracán (p. 36).
A Margarita García Robayo la he venido siguiendo desde hace un tiempo. Sé que es cartagenera y reside en Buenos Aires; ha publicado títulos como Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza (2009), Las personas normales son muy raras (2011), Lo que no aprendí (2013), y Cosas peores (2014), entre otros. Éste último le mereció el premio literario Casa de las Américas en el mismo año de la publicación del texto, razón por la cual se ha situado como una de las voces femeninas más interesantes de la narrativa colombiana contemporánea, y tal vez, de todo el continente latinoamericano.

Recientemente, he terminado de leer Hasta que pase un huracán (2015), uno de esos libros que son pequeñitos, pero que tienen un contenido inmenso. Es un texto que se lee de un tirón, rapidito, como un suspiro. La historia gira alrededor de una mujer que ha decidido que el único propósito de su vida es convertirse en extranjera, escapando de la ciudad costera que la vio nacer, en donde el tedio es la condena que se ha de cumplir; con el tiempo, su anhelo por estar lejos se hace más grande, y decide que su vida no tiene más remedio que ir de aquí para allá, de arriba abajo, de abajo arriba, contando hacia atrás, 25, 24, 23… Es una mujer que no sabe si va o viene, que no se queda quieta; una mujer que es como el viento.

Con un ritmo sencillo, lo narrado adquiere fuerza y permanece en la cabeza del lector de principio a fin. “Yo odiaba a mi ciudad porque era bellísima y también feísima, y yo estaba en el medio. El medio era el peor lugar para estar: casi nadie salía de ese medio, en el medio vivía la gente insalvable; allí no se era tan pobre como para resignarse a ser pobre para siempre, entonces la vida se gastaba en el intento de escalar y redimirse” (p. 7). Una gran economía de palabras, recursos bien utilizados (flashbacks, diálogos no convencionales, planos medios, etc.), y un ambiente que fluye, hacen de esta novela lo que es: una reflexión sobre la posibilidad de estar vivo, mientras no se espera nada más que seguir, aunque ni siquiera eso sea suficiente; vivir, eso y nada más.

Pues bien, recomiendo la lectura de este libro, no tanto por su historia, sino por la forma en que está contada; seguramente, más de un lector sentirá ganas de leer mucho más y quedará con la sensación, buena o no, de que la vida no es más que sentarse a esperar hasta que pase un huracán.