jueves, 26 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: La corriente – Juliana Restrepo.

Restrepo, Juliana (2016) La corriente. Edit. Angosta. Medellín, Colombia.

(…) Dominique me miraba y se alegraba de verme, yo también. Dominique era genial y Anne era genial, los quería muchísimo a ambos pero los quería distinto. Con Anne era amiga porque las dos éramos lectoras, románticas y cocineras, Con Dominique, por las historias –nunca me cansaba de oírlas– y porque me adoraba. Me decía Tú eres mi amor, mi último amor (p. 78).

¿Cuántos cuentos escribimos a diario sin proponérnoslo? Habría que hacer un recuento de aquellas cosas que nos suceden y que merecen ser retratadas, descritas, contadas, por más pequeñas que sean. A veces, la mejor historia no es la que narra una gran hazaña, sino la que nos permite comprendernos a nosotros mismos, contando algo sumamente sencillo, como una visita a los amigos, una conversación interesante con alguien respecto a cualquier cosa, o simplemente, lo que sentimos cuando tenemos cerca a esa persona especial, aquella que provoca que nuestro mundo entero se ponga de cabeza.

Pues bien, eso es, precisamente, un poco de lo que sucede al interior de este libro: La corriente, ópera prima de la escritora y física antioqueña, Juliana Restrepo. Sobre ella se puede decir que está casada y tiene dos hijos; es profesora universitaria e investigadora. No concibe la vida sin la posibilidad de contar algo, pero entiende que todo está un poco más allá de la literatura y por eso ha dedicado sus días a la física. ¿Cómo se pueden combinar dos áreas tan distintas? ¿Ciencia y arte en una misma oración? No es imposible, tal vez difícil. Antes que ella, otros escritores lo han hecho: Julio Verne (1828–1905), maestro de la ciencia ficción; Antón Chéjov (1860–1904), médico y excelente cuentista; e Isaac Asimov (1920–1992), quien fuera profesor de bioquímica y amante de las letras. Todos tan brillantes e igual de apasionados por la ciencia.

El libro contiene doce cuentos que narran todo tipo de situaciones, desde las tensiones de la clase alta en un país y en el otro, la nostalgia de estar lejos de casa, la amistad entre mujeres, que viven su vida entre el sexo y el crecimiento intelectual, la vejez y el olvido. Son unas narraciones fluidas y tumultuosas acerca de los sueños que se dispersan y se realizan solos, del recuerdo de lo vivido, del anhelo de lo perdido. Hay algo que es común en todos: una voz que narra desde el pasado hacia el presente, o al revés. La figura del recuerdo cobra relevancia en estas historias y el tiempo es el espacio en el que se desarrollan, la corriente por la que navegan, sin un rumbo fijo, a la deriva.

Juliana Restrepo. Fotografía, Santiago Díaz Benavides.
Entre mis favoritos, de los cuales hablé levemente con la autora, se encuentran Vol-Au-ventRojo Garancières, Composition Notebook, Las promesas, Clases particulares. Relatos finísimos que narran la vida como lo que es: aquello de lo que se puede hablar una y otra vez. Debo decir que ésta autora me ha sorprendido gratamente con la sutileza de su lenguaje y su capacidad para contar, acudiendo a la memoria, retratando lo más cotidiano y sublime de lo humano. Recomiendo éste libro a todos los lectores que quieran recordar lo maravilloso de lo simple.

En el siguiente link, encontrarán una entrevista que le hice a la autora, con motivo de mi trabajo en la Revista Canéfora:

jueves, 19 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto – Manuela Espinal Solano.

Espinal Solano, Manuela (2016) Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Edit. Angosta. Medellín, Colombia.

(…) Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Quisiera poder describir esta melodía. Los he visto ensayar tantas veces, los he escuchado toda la vida. Conozco todas las canciones, los cortes y las letras perfectamente. Pareciera que tuvieran la intención de entregarnos el legado de la música sin preguntarnos si estamos de acuerdo o no. Nos están entrenando desde pequeñas, estamos casi listas, aunque a mí me falta la sonrisa de diva y a mi hermana la postura. Nos falta el encanto del artista, la presencia. Me faltan las ganas (p. 33).
Hace un tiempo que buscaba leer algo como esto: un libro que me permitiera entender la importancia de ser diferente, de querer gritar a los cuatro vientos sin temor a nada, de poder encontrar en las letras la felicidad que tanto se busca en esta vida.

Tengo 22 años. Escribo todo el tiempo, pero sólo unas pocas personas lo saben. Estudie literatura para enseñarle a otros mi pasión por las letras. Leo, sueño y me lamento, también, casi todo el tiempo. Le temo al pasar de los días, a quedar sentenciado al olvido. Pero a Manuela no le ocurre eso. A ella no le asusta el hecho de que algún día pueda ser olvidada por completo. Tengo la suerte de conocerla y puedo decir que es de las personas más lúcidas que se han cruzado por mi camino. Ella es escritora, y yo aspiro a serlo. Tal vez la vida nos permita, algún día, leernos.



Manuela vive en Medellín. Yo vivo en Bogotá. Ha escrito un libro diminuto, pero maravilloso, impecable, revelador: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Un título largo, pero preciso, publicado por Angosta, la editorial de Héctor Abad Faciolince (1958). Manuela escribe, aunque no pareciera, una canción de 72 páginas en la que permite que el lector entre en su vida y aprecie la importancia de la voz. No sólo sirve para cantar o hablar, también sirve para soñar y decir “No”. Manuela le dijo “No” a la música, pero no la menosprecia, la adora. Es sólo que quiere escoger su propio camino, marcar su propio ritmo, cantar su canción del alma, esa que le hace sentir mariposas en el vientre y hormiguitas en el corazón.

Compré el libro con la idea de encontrar a una nueva autora de la narrativa colombiana con algo nuevo para contar. Leí el libro con el ánimo de entender a una amiga, y no sé si lo hice. Pero puedo decir, aunque mi palabra no valga nada para muchos, que Manuela Espinal Solano es una las voces más frescas, serenas y reveladoras de la literatura colombiana del siglo XXI. Ella es, sin duda, una de esas autoras que nos mantendrán expectantes durante algún tiempo, hasta que publique su próximo libro, hasta que nos permita saber qué hará con esa voz suya que siempre la acompaña.

Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto, es un libro sencillo de leer, con ciertas polifonías y saltos temporales en su estructura, dedicado a la vida, a la lucha por los sueños y a la voz, porque es con ella que podemos expresarnos. Pero más allá de eso, siento que este libro ha sido escrito para que los lectores podamos sentir que no estamos solos y que el camino, como una escala pentatónica, puede tener distintos recorridos.

Recomiendo esta lectura a toda persona que quiera encontrar la respuesta a aquello que no sabe cómo expresar. Aquí encontrará que se puede cantar, se puede pintar, se puede bailar, se puede hacer ciencia, se puede hablar, se puede escribir.

En los siguientes links, encontrarán una nota acerca del libro y una entrevista realizada a la autora, para la Revista Canéfora:

miércoles, 18 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: Una casita en el aire – Gabriela Arciniegas.

Arciniegas, Gabriela (1982) Una casita en el aire. Edit. Plaza & Janés. Bogotá, Colombia.

(…) Y es desde entonces, por el último recuerdo inolvidable que nos dejó, precisamente antecitos de morirse, que todos adoramos el silencio, porque nos lo dejó como si fuera lo último que tenía para decirnos (p. 24).
Nos pasamos la vida pensando en la muerte, preocupándonos por ella: cuándo llegará, cómo llegará, será dolorosa o apacible. Pero no nos damos cuenta de que morimos cada vez que pensamos en ello. La clave de todo está en vivir cada día como si fuera el último. Es cierto, aunque suene a frase gastada. No lo digo yo, lo dicen los libros. Es por esto que hablaré sobre uno que me ha parecido hermoso, en algunos de sus pasajes, y aburrido en otros, pero más allá de eso, se me ha hecho profundamente esperanzador.

El libro del que hablo lleva por título: Una casita en el aire, al mejor estilo de los vallenatos de antes. Y es que, ciertamente, su contenido lleva consigo una musicalidad especial, como de pueblo perdido, como de tierra baldía. Su autora, Gabriela Arciniegas, de quien no tengo registros, salvo por el hecho de que es hija de Germán Arciniegas (1900–1999), uno de los intelectuales colombianos más importantes del siglo XX, ha llegado a mí gracias a esta colección de cuentos que encontré un día, por casualidad, en una librería de viejo. Me acerqué a un montón de libros que estaba arrinconado en el suelo. Por accidente, deje caer los libros que estaban más arriba. Al acurrucarme para ordenarlos, una portada de una casita de lo más rústica llamó mi atención. No había oído del libro ni de la escritora, pero cuando lo abrí me lleve una sorpresa maravillosa: estaba autografiado, con fecha de 1982. Fue como si el libro mismo quisiera que lo leyera. Entonces, lo tomé y me lo llevé.

Acabo de terminar de leerlo y no me arrepiento de haberlo encontrado. Será, sin duda alguna, de las piezas más importantes de mi colección. Es un libro encantador. En su interior hay 17 cuentos cortos, de los cuales algunos son leyendas colombianas, rumanas y checas. Cómo fue lo de mamá Quiquita, es un cuento conmovedor, con un toque de amargura. El día y la noche, es un lienzo a viva voz que dibuja “un viento agrío, teñido de mariposas negras”. En Silenia, Matinée, vespertina y noche, y División, multiplicación y resta, la autora explora una voz fresca, limpia, mientras habla con elocuencia sobre los paisajes distantes. Las manos, es el aporte de misterio que ofrece este libro, tal vez el retrato del remordimiento. El secretario, es un homenaje a Isaac Asimov (1920–1992) y Ray Bradbury (1920–2012), con sus textos de ciencia ficción. Una casita en el aire, es una mezcla de inocencia y lujuria, una narración psicodélica sobre el estar vivo y morir de repente. Y vivieron muy felices, tal vez es el que más me ha gustado; un texto prodigioso en donde una niña descubre el dolor sin saberlo.

No sé si la vida está escrita desde antes en algún lugar, pero de algo estoy seguro: los libros siempre sabrán cómo llegar al lector ideal. Yo he sido, en cierta forma, el lector que éste libro necesitaba. Y éste libro es justo lo que yo necesitaba leer. Recomiendo a todos, que busquen este tesoro y tantos otros, con la esperanza, quizá irreal, de que la vida puede verse desde el aire, estando vivos.

lunes, 16 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: La muerte silba un blues – Gabriela Alemán.

Alemán, Gabriela (2014) La muerte silba un blues. Edit. Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. S. Bogotá, Colombia.

¿Cómo me pude preparar para residir en las inmediaciones de esta gente de temperamento nórdico que no entiende el transcurrir del tiempo en su nuevo hogar, que poco o nada sabe de las formas y gestos de sus anfitriones, que no tolera el calor ni sus costumbres, que se envicia con lo primero que les permite ahuyentar su nueva realidad o por lo menos mantenerla a raya? (p. 65)
El año ha iniciado de la manera más trivial posible. Ha sido así, al menos para mí. He descubierto que cuando se llega a cierta edad, la vida misma se encarga de mostrarte que el camino por el que transitas requiere de un ligero ajuste, una vía alterna, un cambio. Pues bien, entre pensamientos y elucubraciones, he leído un libro de cuentos que me ha parecido muy bueno y lo suficientemente curioso como para profundizar en su contenido, tal vez no ahora, pero sí en un futuro cercano.

El libro del que hablo ha sido escrito por la autora ecuatoriana Gabriela Alemán (1968), y se titula: La muerte silba un blues. En su interior se hallan 10 cuentos de una calidad tal que merece ser elogiada. Agradezco a Fernando Iwasaki (1961) por aclararme el recorrido. La travesía inicia con El extraño viaje, que recrea, a la manera ecuatoriana, la célebre transmisión de la invasión alienígena que Orson Welles (1915–1985) llevó a cabo el 30 de octubre de 1938 para la CBS y que fue replicada en Radio Quito el 12 de febrero de 1949 por un equipo de actores de radioteatro. Aquí, la autora experimenta una narración cautivadora, mientras tiende hilos entre la primera emisión neoyorkina y la segunda ecuatoriana. El lector podrá sentir, como en primera persona, un combate de boxeo narrado con impecable elocuencia y una invasión extraterrestre a la capital de Ecuador.

Beautiful but dangerous es el cuento que más espacio ocupa dentro del libro, pues su estructura de diario personal o cuaderno de viaje permite acudir a una voz narradora encarnada en una europea que se enfrenta a la poderosa naturaleza andina y amazónica del Ecuador, después de abandonar a su esposo. Debo decir que las descripciones de los paisajes, poblados y encuentros sexuales, así como de las reflexiones acerca de la soledad y la memoria son, simplemente, magistrales.

Los otros cuentos de este libro, no menos importantes, exploran varios registros como el policial, erótico, terrorífico, de ciencia ficción y fantástico, todos inmersos en un mundillo narrativo que confirma a Gabriela Alemán como una de las mejores cuentistas contemporáneas en lengua española. Pero ¡cuidado! Gabriela no lo hizo sola, ha recibido un poco de ayuda de ciertas películas de Jess Franco (1930–2013). Tal vez, para entender este libro en toda su dimensión sea necesario acudir a la cinematografía, pero eso depende de cada lector. Por mi parte, debo decir que esta lectura me ha parecido “radiofónica”, no ruidosa ni molesta, sino melodiosa. Recomiendo a todo buen lector que se extravíe entre la muerte y ese blues que tan maravilloso se oye cuando lo silba.