miércoles, 17 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Si el río hablara… – Alexandra Escobar, Nora González, César Badillo.

César Badillo Alexandra Escobar, Nora González (2014) Si el río hablara. Teatro Colombiano. Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Bogotá, Colombia.
«Todos corrieron en la plaza, en el circo, en el atrio, en donde el sello de Dios hizo palidecer las ventanas. Carlos mató a Bernardo, Ernesto mató a Heriberto y Pedrito, hijos gemelos de don  Bautista. Melquiades mató a Patrocinio, vecino de Jenny. Jenny mató a Ferney, Conejo mató a Jenny. Vicente mató a Carlos, Isidro mató a Pompilio, Alicia mató a Conejo…»

No suelo leer piezas teatrales, por lo que esta lectura ha sido significativa en todo sentido. Me fue recomendada por una de las personas a las que más aprecio en este mundo; un día, me dijo que, de seguro, esta obra sería de mi agrado. Pues, no se ha equivocado. Si el río hablara (2014) se ha convertido en mi obra de teatro favorita.
Este es un libro que habla sobre perderse, dejarse llevar; sobre llorar y no encontrar el camino de regreso. Narra una historia acerca de la violencia, el abandono, y la fragilidad de los cuerpos. A lo largo de 40 páginas, se describen en 11 escenas, las acciones que transcurren entre 9 personajes, de los que destacan tres: Poeta, Mujer y Devota. Alrededor de ellos, el lector podrá enterarse del desarrollo de las situaciones y comprender que la premisa de esta historia es que, a veces, la razón del dolor camina en nuestros sueños, sin que oigamos sus pasos.
Se trata, pues, de una reflexión acerca de la memoria de las víctimas de la guerra, a través de tres voces que quieren salir, cada una a su manera, de esa zona gris que es la pérdida del sentido de la vida. MUJER es una madre que ha perdido a su hija y de la que no conoce detalle alguno sobre su paradero; POETA, un hombre al que se le revela, de a pocos, su propósito en el mundo, aunque éste siga un rumbo errado; DEVOTA, otra mujer que se resiste al olvido y busca en su vida la memoria de los muertos del agua. Los santos orientan sus días y la mierda sus groserías.
Como el libro es pequeño, el comentario es pequeño, pero no quiere decir que no tenga mucho más que manifestar acerca de este ejercicio de lectura. Es que con el teatro pasa algo extraordinario: Si uno no ve la obra o la lee, entonces, todo el esplendor, la magia, la escenografía se pierde. Recomiendo esta lectura a todos los que en algún momento han sentido que tienen las manos frías, o que sus palabras dilatan sangre. Qué todo buen lector pueda escuchar aquello que diría el río si éste hablara.

sábado, 13 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Este lugar de la noche – José Manuel Arango.

Arango, José Manuel (1984) Este lugar de la noche. Colección Popular. Instituto Colombiano de Cultura. Bogotá, D. C.

1
Sentados
En círculo, el rostro
Cerrado por enigmática
Sonrisa

Los sordos
Hacen signos extraños
Con los dedos

2
Y cuando la oscuridad
Es silencio

Oyen
Con la sien en el puño
Sus pensamientos
Asilo, José Manuel Arango.

Otro libro de poesía para el historial de mis lecturas, lo que es un dato no menor, teniendo en cuenta que no suelo acudir a la lírica cuando de leer se trata. Con este poemario me encontré por accidente, aunque ya había recibido referencias de su autor. Este lugar de la noche, una amalgama de sueños y tentaciones nocturnas, de sabores, imágenes y olores. Un libro de poesía, un poema sobre los libros, sobre la vida.
José Manuel Arango (Carmen de Viboral, Antioquia, Colombia, 1937 - Medellín, 2002). Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento de la Universidad de Antioquia, en 1988.
Este libro suyo lo escribe de manera rigurosa y elaborada. "Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad", escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: "Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco".
No sé si estos versos sean de un Novalis, o un Rimbaud, o un Flaubert, solo puedo dar cuenta de que he leído un libro en el que la vida se condensa de a poquitos, a lo largo de estrofa y estrofa, llenándolo todo de un aroma distante a canela, a pasto mojado, a noche húmeda, a luna llena… En algún lugar de la noche, un par de letras están esperando para ser descritas, tocadas, recordadas. ¿No es el mundo un lugar para escribir? La noche da cuenta de lo sutil que puede ser esta vida, solo hay que saber escuchar.
Fuente de la biografia: http://biblioteca.udea.edu.co/~hlopera/La_Palabra_Viva/jma.html

martes, 2 de mayo de 2017

Mis Libros Leídos: Hasta que pase un huracán – Margarita García Robayo.

García Robayo, Margarita (2015) Hasta que pase un huracán. Laguna Libros. Bogotá, Colombia.

(…) Toño se pegará a mi espalda, me abrazará por la cintura y me dirá al oído: algún día saldremos de acá. Y yo: acá nos quedaremos hasta que pase un huracán (p. 36).
A Margarita García Robayo la he venido siguiendo desde hace un tiempo. Sé que es cartagenera y reside en Buenos Aires; ha publicado títulos como Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza (2009), Las personas normales son muy raras (2011), Lo que no aprendí (2013), y Cosas peores (2014), entre otros. Éste último le mereció el premio literario Casa de las Américas en el mismo año de la publicación del texto, razón por la cual se ha situado como una de las voces femeninas más interesantes de la narrativa colombiana contemporánea, y tal vez, de todo el continente latinoamericano.

Recientemente, he terminado de leer Hasta que pase un huracán (2015), uno de esos libros que son pequeñitos, pero que tienen un contenido inmenso. Es un texto que se lee de un tirón, rapidito, como un suspiro. La historia gira alrededor de una mujer que ha decidido que el único propósito de su vida es convertirse en extranjera, escapando de la ciudad costera que la vio nacer, en donde el tedio es la condena que se ha de cumplir; con el tiempo, su anhelo por estar lejos se hace más grande, y decide que su vida no tiene más remedio que ir de aquí para allá, de arriba a abajo, de abajo a arriba, contando hacia atrás, 25, 24, 23… Es una mujer que no sabe si va o viene, que no se queda quieta; una mujer que es como el viento.

Con un ritmo sencillo, lo narrado adquiere fuerza y permanece en la cabeza del lector de principio a fin. “Yo odiaba a mi ciudad porque era bellísima y también feísima, y yo estaba en el medio. El medio era el peor lugar para estar: casi nadie salía de ese medio, en el medio vivía la gente insalvable; allí no se era tan pobre como para resignarse a ser pobre para siempre, entonces la vida se gastaba en el intento de escalar y redimirse” (p. 7). Una gran economía de palabras, recursos bien utilizados (flashbacks, diálogos no convencionales, planos medios, etc.), y un ambiente que fluye, hacen de esta novela lo que es: una reflexión sobre la posibilidad de estar vivo, mientras no se espera nada más que seguir, aunque ni siquiera eso sea suficiente; vivir, eso y nada más.

Pues bien, recomiendo la lectura de este libro, no tanto por su historia, sino por la forma en que está contada; seguramente, más de un lector sentirá ganas de leer mucho más y quedará con la sensación, buena o no, de que la vida no es más que sentarse a esperar hasta que pase un huracán.



miércoles, 26 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: Cantos del desamor y el desencanto – Fernando Cely.


Cely, Fernando (1995) Cantos del desamor y el desencanto. Magia de la Palabra Editores. Bogotá, D. C.

Ayer
Te vi caminar
Por la acera
De una calle cualquiera.
No eras la misma:
La locura
No brillaba en tus ojos
Tu piel
Marchaba sin fragancias,
Tu aire
No respiraba vientos.
Eras tú
Perdida entre las gentes,
Eras tú caminando por la vida,
Sin mí.

Ayer, Fernando Cely.

Resultado de imagen para Cantos del desamor y el desencantoYa lo he dicho antes: No suelo leer poesía. Pero, ya sea por una necesidad de la vida, o por un deseo oculto entre lo más profundo de mi alma, me he topado con un libro de lo más artesanal, publicado un año después de mi nacimiento, escrito por alguien al que alguna vez tuve la oportunidad de escuchar, un hombre que decidió darle a la poesía las riendas de su vida: Fernando Alberto Cely Herrán, bogotano él, nació hacia el año de 1957. Ha dedicado su vida entera a las letras y es quizá, uno de los mejores poetas que ha visto la capital colombiana en los últimos años, pero ahí está la cosa, casi nadie lo conoce. Ha publicado más de 10 libros, todos de poesía, pero solo unos cuantos siguen por ahí, esperando para ser leídos.

Pues bien, debo decir que me siento triste por saber que las letras en mi patria no valen absolutamente nada. Es una mierda la literatura, sí, porque no importa el talento del escritor sino el apellido que tenga adherido a su nombre. Yo no quiero esto, no quiero que las letras se vuelvan en un producto más del mercado. Grito, me quejo, doy vueltas en el suelo, para que los poetas encuentren oídos y los novelistas deleiten cabezas. Hoy, pido por el alma de un arte que de a poco se va extinguiendo.
Recomiendo a todo lector curioso de este espacio que si alguna vez encuentra un libro como el que yo he hallado, no dude en leerlo, de seguro, le parecerá placentero. Unámonos todos de una buena vez, escritores y lectores, para decirle al mundo que nos importa un bledo lo que quieren hacer de nosotros, no seremos lo que esperan de nosotros. 

sábado, 22 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: Si una noche de invierno un viajero – Italo Calvino.

Calvino, Italo (1979) Si una noche de invierno un viajero. Traducción de Esther Benítez. Ediciones Siruela. Barcelona, España (1980).

«La empresa de tratar de escribir novelas apócrifas, que me imagino escritas por un autor que no soy yo y que no existe, la llevé a sus últimas consecuencias en este libro. Es una novela sobre el placer de leer novelas; el protagonista es el lector, que empieza diez veces a leer un libro que por vicisitudes ajenas a su voluntad no consigue acabar. Tuve que escribir, pues, el inicio de diez novelas de autores imaginarios, todos en cierto modo distintos de mí y distintos entre sí: una novela toda sospechas y sensaciones confusas; una toda sensaciones corpóreas y sanguíneas; una introspectiva y simbólica; una revolucionaria existencial; una cínico-brutal; una de manías obsesivas; una lógica y geométrica; una erótico-perversa; una telúrico-primordial; una apocalíptica alegórica. Más que identificarme con el autor de cada una de las diez novelas, traté de identificarme con el lector...» Italo Calvino.

Un libro no es un libro hasta que lo hemos leído una y otra vez, siempre con una idea distinta de lo que podamos encontrar en su interior. La historia no es tan importante como la manera en que se cuenta, por ello los buenos libros siempre serán mejores por la forma en que están escritos que por lo que dicen.

Pues bien, recientemente, he terminado de leer mi doceavo libro en lo que va del 2017. En este año, he podido disfrutar de lecturas diversas, algunas muy buenas y otras no tanto. Unas maravillosas y otras, un poco más terrenales. Pero en ningún momento me había topado con un libro tan magnífico como éste, al que llegué por recomendación de uno de mis maestros, el escritor Oscar Godoy. Él, en medio de una clase, había comentado que esta novela nos permitiría, a mí y a los demás estudiantes, explorar en las variantes de la narración, de la perspectiva desde la que se cuenta, no tanto de la historia como de los medios para contarla. Dicho esto, me vi en la necesidad de consultar sobre el libro y su autor. Comencé a leer la novela y… ¿qué creen que pasó?

En este libro, un Lector, que eres tú, que soy yo, comienza a leer la última novela de Italo Calvino que se titula Si una noche de invierno un viajero, pero de repente, un error de encuadernación no le permite continuar. La búsqueda del ejemplar correcto lo conduce a otra novela Fuera del poblado de Malbork, y en medio de ella conoce a una Lectora especial (y bueno, ¿qué lectora no lo es?), Ludmilla. Habla con ella, se siente enamorado y sus encuentros ocasionales los llevan a encontrarse con otros libros, diez historias diferentes que no logran finalizar. En este andar de letras, el Lector descubre una red de falsificación liderada por un hombre que está obsesionado con Ludmilla. Una lectura y otra, una serie de sucesos inexplicables, personajes extravagantes, escritores ermitaños, editores corruptos, gobiernos opresores… La cuestión es ¿cuál historia espera su fin allá abajo

Tengo que decirlo: Sí, este es de los mejores libros que he leído. No tengo ninguna duda al respecto. Por ello, espero que todo lector que se acerque a este blog pueda encontrarse al interior de estas páginas escritas por el buen narrador italiano, y pueda entender así que no todos los libros tienen que terminar de la misma forma, que no todos deben hablar sobre las mismas cosas, y lo más importante, que son todos parte de uno solo, uno que se llama Vida.


lunes, 17 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: El Dragón Rojo – Thomas Harris.

Harris, Thomas (1981) El Dragón Rojo. Traducción de Elisa López Bullrich. Edit. DeBolsillo. Penguin Random House, Grupo Editorial. Barcelona, España (2000).

En el camino que he tenido que transitar para llegar a ser el escritor que pretendo, me he visto en la necesidad de acudir a ciertas lecturas y documentos cinematográficos que me permitan entender la manera en que se han narrado ciertos temas que son de mi interés. Uno de ellos tiene que ver con la forma como un asesino piensa y ve el mundo, ¿qué lo lleva a hacer lo que hace? ¿Qué es lo que siente al arrebatarle la vida a alguien? Así pues, me he topado recientemente con la novela El dragón rojo, escrita por Thomas Harris.

Ya sabía yo de lo que trataba la historia, puesto que había tenido la oportunidad de ver la adaptación al cine que se realizó hacia el año 2002, dirigida por Brett Ratner y protagonizada por Edward Norton y Anthony Hopkins. Al ver la película, quedé fascinado ante la complejidad del personaje de Hannibal Lecter, por lo que decidí continuar con la saga cinematográfica y, posteriormente, con la lectura de los libros. Por ahora, esta ha sido mi única lectura de esta saga de misterio. Tal vez me acerque a los otros textos en algún momento de mi vida en el que necesite volver a los personajes de Thomas Harris.

Ahora bien, siendo este el undécimo libro que he leído en el año, debo decir que me ha parecido exuberante y magistralmente narrado. Es una novela de misterio, con tintes policiacos, que hace uso de un marco de composición en el que se halla el aterrador Dr. Hannibal Lecter, quien ha herido previamente (algunos años antes de iniciada la narración) a Will Graham y es consultado, posteriormente, por éste último para intentar detener a un nuevo asesino serial, uno que no deja rastros fácilmente y que selecciona a sus víctimas de un modo poco usual.

Una vez inmersos en la trama central, el personaje de Lecter queda de lado, apareciendo en pocas ocasiones, y es Francis Dolarhyde el eje de los hechos que se desarrollan a lo largo de la historia. El Dragón Rojo hace de las suyas, tomando la débil cabeza de Dolarhyde, y el lector es participe de la forma en que piensa éste asesino y la razón por la que decide hacer lo que hace. El pobre Dolarhyde es solo un instrumento de su propio instinto. Graham, en compañía de los agentes del FBI, intenta dar con la pista del Dragón Rojo, mientras éste se mueve constantemente, preparando su próxima aparición.

No contaré mucho más acerca de la historia, pues aunque la mayoría conozcamos la versión cinematográfica, debo decir que ésta dista mucho de lo que se relata en el libro. Hay uno que otro acontecimiento importante que se omite, pero lo más importante es la estrategia narrativa que utiliza el autor para narrar el desequilibrio de una mente esquizofrénica como la Francis Dolarhyde. Una voz dentro de él, una voz que el lector asume como parte de él, pero lo cierto es que se trata de una voz que tiene su propia identidad. El Dragón Rojo es uno, Dolarhyde es otro. El primero es producto de lo que acontece en la vida del segundo, el segundo es apenas un medio para la transformación del primero.

Pues bien, me ha gustado mucho esta novela. Me ha mantenido durante un buen tiempo pensando en la posibilidad de crear un personaje de estas características. Sólo me resta decir que recomiendo esta lectura a todos los fanáticos del suspenso y la literatura de misterio.

miércoles, 5 de abril de 2017

Mis Libros Leídos: El malestar en la cultura – Sigmund Freud.

Freud, Sigmund (1970) El malestar en la cultura. Alianza Editorial, S. A. Madrid, 2010.
Ve al vínculo para visualizar la imagen: 


Ya van diez en lo que va del año; son diez libros los que he podido leer en tres meses y cuatro días; diez libros que me han permitido entender que la vida pasa rápido y no alcanza para descifrar todas las letras que uno quisiera. En esta ocasión, cambié un poco mis horizontes de lectura, dejando aplazadas algunas piezas y olvidando otras; pasé, momentáneamente, de la literatura a la psicología con tintes sociológicos. El décimo libro que he leído es El malestar en la cultura, de Sigmund Freud (1856 – 1939).

Se trata de un ensayo en el que el autor se da a la tarea de realizar un análisis sociológico de los problemas de la cultura y sus posibles orígenes, abordados desde la psicología, más exactamente, a partir del psicoanálisis. Si bien no es una obra dirigida a especialistas, ni trata de precisar la técnica psicoanalítica o perfilar sus conceptos, el lector que se enfrente a su contenido habrá dee tener un conocimiento elaborado acerca del pensamiento freudiano.

Una evaluación de diversos conceptos y episodios históricos, permiten que el autor ejecute un profundo estudio a lo largo de diferentes pasajes en los que relaciona la estructura psicológica del individuo con la sociológica de la cultura. Es ahí cuando la dialéctica de la relación con el otro alimenta el malestar en la cultura, el cual se refiere a todas aquellas prohibiciones que se han impuesto a los hombres con el fin de mantener un orden idealizado en la sociedad, más divino que terreno, lo que conduce a la cultura a un estado neurótico de infelicidad. Y, aunque, la vida hay aceptarla en sus goces y en sus sombras, al margen de la utopía y de toda idealización de lo humano, no por ello hay que consentir con la injusticia concreta.

“(…) el destino de la especie humana será decidido por la caracterización de si el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de autodestrucción” (p. 138).

Surge a partir de esto un interrogante interesante: ¿Cómo es posible la cohesión de masas, y qué fuerzas se oponen a esta “unión” para destruirla y sumir a los individuos en un malestar sin solución? Existe un determinado lazo social que une a los individuos y mantiene siempre un interés por la destrucción, razón por la que la cultura, entendida como la formación de construcciones e instituciones al servicio del programa de mantenimiento del principio del placer, se soporta sobre la base de “potentes identificaciones” (religiones, ejército, movimientos liderados o partidos políticos). Menciona Sergio Hinojosa que, “Eros, capturado en el espejo de Narciso, construye e instituye así lazos afectivos, que sirven a la causa de esta necesaria cohesión social.  ¿Por qué el hombre tuvo necesidad de crear la cultura como medio para mantener esa economía del principio del placer? ¿Por qué la búsqueda del placer y la evitación del dolor llevan al hombre a esa otra “evolución” descomunal que es la civilización? El tratamiento de esta cuestión conduce al análisis de la formación del yo, y a la configuración inicial de los instintos: Eros y Thanatos. Es mediante Eros que nos distanciamos de la repetición inercial de la muerte y nos elevamos a relaciones cada vez más complejas. Eros y Thanatos son para Freud una exigencia teórica necesaria para entender la economía y la dinámica del aparato psíquico. Eros imbricado con Thanatos, Eros interponiendo defensas contra la eclosión de Thanatos. Parece un mito milenario”.

Todo lo anterior, quizá, no sea medianamente entendible, pero eso es algo que exige la narrativa de Freud: debes estar atento, no distraerte con otras cosas, lo que se hace complejo, ya que es imposible no pensar cuando se está recibiendo tanta información. Personalmente, este libro me ha gustado mucho, aunque varias cosas se me hayan escapado; llegué a él por recomendación de una maestra, hace ya un buen tiempo. Estuve aplazando la lectura y, en varias ocasiones, me di cuenta de que si hablaba de este texto, aunque no lo hubiese leído, lograba una buena impresión en una comunidad académica interesada por los problemas sociales. Pues bien, ahora ya sé de lo que habla este libro y he aprendido conceptos fundamentales para mis intereses como escritor.

Ya sea por un interés propio o por recomendación de otras personas, en algún momento de la vida habrá que conocer un poco de lo que habla Sigmund Freud, pues gran parte del comportamiento de la sociedad actual y su análisis se debe a lo que en vida hiciera este hombre. 


sábado, 25 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Dos o tres inviernos – Alberto Sierra Velásquez.

Sierra, Alberto (2007) Dos o tres inviernos. Biblioteca de literatura del caribe colombiano. Universidad de Cartagena. Cartagena, Colombia.
Este es el noveno libro que leo en el año. Ya voy rompiendo mi propio record de los años anteriores. Pero eso no es lo que interesa. Bueno, a mí sí, pero a ustedes no. En fin, el libro del que hablo es Dos o tres inviernos, del escritor colombiano Alberto Sierra Velásquez. Se trata de un texto corto y revelador, no es nada sencillo de leer y su estructura es sumamente compleja. La novela, escrita a manera de monologo, es una reflexión sobre la soledad, el amor, el tedio y el abandono. El personaje que narra es una mujer que se halla encerrada en su habitación y se plantea la tarea de indagar en su mente acerca de la vida y la búsqueda constante del amor que, en ocasiones, se hace imposible.

Soy un objeto que se dilata, que odia o que ama o que no hace ninguna de estas cosas. Todos los días digo: ¡existo!, tengo derecho a vivir, a reír, a gritar, a respirar. Pero no estoy dispuesta a vacilar más. Todo va a terminar. Quiero salir de aquí, tener iniciativas, vivir. Oscurecer de una vez por todas esta vida inconcebible (p. 52).

Este libro es de esos que te dejan la sensación de que tu cabeza es un completo desorden. Lo que se halla al interior de esta novela es, literalmente, el desorden de una mente que divaga entre la vida y la muerte. Se trata de una mujer que ve pasar, uno a uno, dos de tres inviernos, y descubre que hay un sinsentido tenue en todo lo que hacemos. Lejos de ser un texto nihilista, el contenido de este libro llega a permearse por el existencialismo, en el sentido de que algunas de las afirmaciones que realiza el personaje, a cuya mente ingresa el lector, se orientan, casi de lleno, hacia una visión de mundo en la que la vida pasa a un segundo plano.

Usted es un pájaro que levantará su mano derecha y la extenderá hasta rozar apenas su frente. Yo seré su pájaro que no querré volver sobre el pasado, que ahora tendrá la necesidad de empezar nuevamente. Usted no volverá a estar devorado por la desconfianza en sí mismo. No somos pájaros abolidos (p. 77).

Debo decir que no he disfrutado de la lectura de esta novela. Me ha parecido una muy buena forma de poner a funcionar la voz narrativa del monologo interior, pero no ha sido una historia de mi agrado. Recomiendo a quienes se interesan por indagar en las técnicas de la literatura que se acerquen a este tipo de textos. A mí me ha servido para entender la dimensión de la estructura narrativa en una novela, pero no daría el libro a un lector que solo quiere extraviarse en un mar de letras y disfrutar de unas buenas palabras. Con este libro, literalmente, duele la cabeza. Considero que hay novelas para leer y otras para estudiar, ésta pertenece a la segunda categoría. Espero que mi próxima lectura supere mis expectativas.

martes, 21 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Historias de San Petersburgo – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1955) Historias de San Petersburgo. Traducción de Olga Sokolov y Lur Sotuela. Edit. Eneida. Madrid, España (2012).
La literatura rusa es, sin duda, una de las más ricas en la historia de la humanidad. Narradores como Pushkin, Tolstoi, Dostoyevski, Turguénev o Chéjov, nos han permitido entender que las mejores cosas escritas no siempre deben girar en torno a las acciones de un personaje, sino de la forma en que piensa dicho personaje para obrar de una u otra manera; la descripción, la introspección y la reflexión son tres de las características más notables en la literatura propia de la tierra de los zares, y uno de sus máximos exponente es, claro está, Nikolái Gógol (1809–1852), de quien, recientemente, he consultado lo suficiente como para asegurar que fue, y sigue siendo, uno de los mejores narradores de la literatura europea. Pero una afirmación como ésta carece de fundamento si quien la ejecuta no ha tenido acercamiento a la obra como tal. No es el caso, en esta ocasión, pues debo decir que he disfrutado de la lectura de, a mí parecer, uno de los libros de cuentos más maravillosos de todos los tiempos: Historias de San Petersburgo.

Con aproximadamente 260 páginas, este libro lleva en su interior cinco cuentos notables que, de manera impecable, retratan el clima y el ritmo de vida de una Rusia zarista que se debate entre la fantasía y la cruda realidad, tan inundada de divisiones sociales y desigualdades. El autor, con un toque de ironía que es, realmente, espléndido, narra estas historias con tal habilidad que, en ocasiones, el lector se sentirá como si estuviera en una conversación y no en medio de la lectura de un libro.

Pues bien, llegué a estos cuentos por recomendación de una maestra; al principio, solo tenía la idea de cumplir con la tarea, pero después me vi envuelto en un mar de historias, todas tan increíbles, que en lugar de leer únicamente lo pactado en clase, me dispuse a leer todo el libro y, debo decir que me ha gustado de sobremanera. El cuento que más curioso me pareció fue La nariz (1836), que narra la historia de un hombre que un día pierde su nariz y, de pronto, la ve caminando por la calle y fingiendo que es un funcionario del Estado. El lector podrá encontrar aquí una cierta similitud con lo que ocurre en La metamorfosis (1912), de Franz Kafka (1883–1924). Otro de los cuentos que disfruté fue El retrato, que es la historia, un poco al estilo de Oscar Wilde (1854–1900), de un cuadro con características misteriosas, un lienzo que pareciera haber sido pintado por el mismísimo demonio. En esta ocasión, el autor hace uso de distintas voces para contarnos lo que sucede alrededor de tan enigmático retrato y, en algunos pasajes, desarrolla un argumento magistral en torno a las acciones de un artista, sus pasiones y motivaciones. De este cuento me llevo una grata enseñanza; sin embargo, el texto que más me ha gustado, debido a intereses personales, es Diario de un loco, en donde se narra la historia de un hombre que está fuera de sus cabales y escribe un diario para entender un poco lo que le ocurre, para intentar acudir a la cordura en un momento de intensa locura. Pero, ¿quiénes somos para juzgar la locura de alguien? ¿Quién asegura que estamos cuerdos?

A través de la narración de paisajes, avenidas y calles, Gógol da cuenta de una sociedad en la que lo más vívido que puede ocurrir, por extravagante que parezca, es la desaparición de una nariz, el robo de un capote y la ira de un alma inconforme que se abalanza sobre hombres de apariencia noble, pero de corazón mezquino; el suicidio de un sujeto a causa de un amor imposible, el terror que produce la mirada de un prestamista retratado o las ocurrencias de un tal rey de España que vive en Rusia. La verosimilitud no es excusa cuando el talento se justifica por sí mismo. Debo decir, a manera de cierre, que no me cabe la menor duda de que éste escritor ruso fue uno de los máximos exponentes de la cultura de su tiempo y, hoy, años después de su muerte, sigue siendo uno de los mejores narradores de la literatura europea. Recomiendo su lectura a todo lector apasionado.

Para complementar el contenido de este post, sugiero visitar este link: 

lunes, 20 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Pedro Páramo – Juan Rulfo.

Rulfo, Juan (1955) Pedro Páramo. Edit. Cátedra. España.
El hijo de Pedro Páramo viaja a Comala para encontrarse con su padre, sólo para verse atrapado en un mundo sin vida. La historia de lo ocurrido sobrepasa cualquier previsión del lector. La novela de Rulfo ha sido considerada como una de las [más importantes] de la literatura en lengua castellana por Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges. Autores de otros idiomas, como Günter Grass, Susan Sontag y Gao Xingjian se cuentan también entre sus grandes admiradores (Tomado de: http://juan-rulfo.com/rulfoescritor2.htm).

Durante algún tiempo me vi tentado a leer este libro, pero distintas situaciones me lo impidieron, y admito, con vergüenza, que en algunas ocasiones hui de su contenido, porque me lo recomendaban demasiado o ya se me hacía irritante. ¡Que idiota habría sido! Pues me hubiese perdido de tan maravillosa historia. Recientemente, he terminado de leer lo que estas letras tenían guardado para contar y me alegra haberlo hecho, pues se ha convertido en uno de mis libros de preferencia.

(…) Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen (p. 41).
Pedro Páramo, es de esas novelas cortas que aunque no cuentan las más grandes cosas, atrapan al lector desde las primeras páginas. Se trata de una historia maravillosa en la que los muertos hablan y recuerdan cómo era su vida antes de cruzar el umbral, y los vivos se aterran ante la inminente llegada del día final. Algunos críticos han advertido que se trata de una obra maestra, y tiene mucho para serlo, pues su extensión no es excusa, como lo es en el caso de El coronel no tiene quien le escriba (1961), de Gabriel García Márquez. Sin embargo, no han faltado los lectores acostumbrados a los esquemas tradicionales que se desorientan ante una estructura diferente, innovadora. Y es que este libro es de esos que se deben leer con atención, como cuando oímos lo que hablan en la otra habitación; éste libro debe leerse con el entusiasmo que implica hablar sobre la muerte, no para tenerle miedo, sino para esperarla con respeto. 

A lo largo del texto, son varios narradores los que intervienen para narrar una historia en la que la muerte va más allá de la vida, así es, porque no es la vida lo que importa, sino la muerte y cómo la cuentan quienes la padecen. El lector se hallará envuelto en un mar de susurros, oyendo las voces de los muertos que se mueven en un mundo de aires calientes y ánimas que aparecen en las noches para recordar lo que fue la vida, lo que alguna vez hicieron en Comala.

Aquí, no hay una cronología establecida, no hay un orden. Se trata de una novela contada en fragmentos, como si se acudiera a la mente de los muertos, que recuerdan, sí, pero con dificultad. No hay un personaje central, tal vez un tema o un lugar, pero las acciones no son solo de uno. Mariana Frank ha insistido en que el estilo estereofónico de la estructura narrativa divide la novela en dos partes: la primera sería la historia de Pedro Páramo, que es  una especie de biografía, casi siempre en tercera persona; y la segunda, la de su hijo Juan Preciado, en donde se narra el diálogo que sostiene con Dorotea. Ambas tramas se complementan. Si leyéramos la novela, no como un libro sino como una película, seguramente todo sería más sencillo, pues hay más imagen que letra en esta historia, más clima que otra cosa y, siendo así, espero que puedan acercarse a este libro a todos los que alguna vez han pensado, como yo, en lo que harán nuestros muertos después de que los enterramos.

Si se ha dicho de <<Los de Abajo>> que es un friso horizontal y continuo de la Revolución mexicana, podría decirse de Pedro Páramo que es un tapiz en relieve con motivos que se repiten hasta la saciedad o, si se quiere, un cuadro cubista de la vida en Comala durante el poderío de Pedro Páramo, que todo lo tenía a pedir de boca, pero nunca pudo conseguir lo único que realmente le importaba: el amor de Susana San Juan.

sábado, 4 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa.

Vargas Llosa, Mario (1997) Cartas a un joven novelista. Edit. DeBolsillo. Penguin Random House Grupo Editorial. Bogotá, Colombia (2015).

(…) nadie puede enseñar a otro a crear; a lo más, a escribir y leer. El resto, se lo enseña uno a sí mismo tropezando, cayéndose y levantándose, sin cesar (p. 136).
Desde que tengo memoria y la habilidad para leer, me he preguntado cómo hace un escritor para inventar tan magnas historias y deleitar a los lectores con el simple uso de sus palabras. Aún no he hallado una respuesta y ya he pasado por la universidad, estudiado libros y autores, y practicado sus maniobras para la escritura. Me parece que lo único que me permitirá obtener una respuesta es el hecho de enfrentarme a la escritura misma de un libro. Eso es, precisamente, lo que me he propuesto para los próximos dos años. Ya he venido trabajando en la redacción de un libro de cuentos al que sólo le hacen falta unos cuantos detalles. Una vez terminado, habré de buscar el apoyo de una editorial, pero eso es otra historia. Lo que me hace escribir este texto, no es la escritura de un libro sino la lectura de uno. Se trata de Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa.

La lectura de este texto me ha permitido comprender que no existe una formula o algún atajo para que una persona pueda escribir un buen libro. Vargas Llosa, aquí, se dirige al lector como si se tratara de una correspondencia que lleva mucho tiempo. Los temas de las cartas son las posibles respuestas que el autor le brinda a un joven escritor que se halla inquieto por entender lo que se encuentra detrás de la escritura de una novela. Pero, ¡cuidado!, el autor nos advierte de algo importante desde el inicio: “Éste no es un manual para aprender a escribir, algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos. Es un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal (…) Se trata, pues, de un libro muy personal y, en cierto modo, de una discreta autobiografía”. Nos dirige, a todos aquellos que tenemos la ilusión de escribir, unas reflexiones bastante interesantes acerca del arte de narrar y el oficio de ser escritor. Nos habla de cómo comenzar a darle forma a esa vocación literaria, por dónde empezar a contar una historia, cómo llegar a los buenos temas, explorando diferentes escenarios de la escritura de ficción como la persuasión, el estilo, el tipo de narrador, el espacio, el tiempo, el nivel de realidad, los datos escondidos y los vasos comunicantes. En ocasiones, el discurso se hace extremadamente académico, pero en otros, el autor nos permite entender esa habilidad suya para la escritura de novelas que tantas cosas buenas le ha traído en la vida.

“(…) detrás de esas aventuras ficticias que encienden la imaginación de los lectores y los conmueven, hay no sólo intuición, fantasía, invención y una pizca de locura, sino también terquedad, disciplina, organización, estrategia, trampas y silencios, y una urdimbre compleja que levanta y sostiene en vilo la ficción” (p. 9).

Pues bien, la escritura de un libro no es sólo el deseo mismo de escribir sino el convencimiento en cuanto a tal. Un escritor ha de ser comprometido, disciplinado, perfeccionista, arriesgado y soñador, ante todo, soñador. Recomiendo, pues, la lectura de este buen documento del escritor peruano para todos aquellos que, como yo, quieren dedicar sus días a la literatura.

Publisuites

miércoles, 1 de febrero de 2017

Mis Libros Leídos: El capote – Nikolái Gógol.

Gógol, Nikolái (1842) El capote. Edit. Nórdica libros. Ilustraciones de Noemi Villamuza. Bogotá, Colombia (2013).

(…) Y San Petersburgo se quedó sin Akaki Akákievich,
como si nunca hubiera existido (p. 83).
Agradezco a Ana Blasfuemia, del sitio http://loqueleolocuento.blogspot.com.co/ por haberme conducido en el camino correcto de esta lectura.

 No todos los buenos libros tienen que ser grandes. Yo, que escribo este blog con el ánimo de dar rienda suelta a mis ideas, he leído uno de esos libros. Uno pequeño, pero buenísimo. Se trata de El capote, escrito hacia el año 1842, por Nikolái Gógol. Esta pequeña historia, más un cuento que otra cosa, tiene la frescura y el ambiente de las buenas novelas rusas. Su autor, para contarnos lo que sucede, nos pone la mano en el hombro y nos conduce, como lectores, por calles frías y lúgubres, a la vez que nos presenta a Akaki Akákievich, un don nadie, una de esas personas invisibles que, por serlo, son tratadas como inferiores. Se desempeña como copista en una oficina y ama su trabajo, es lo único que sabe hacer y lo único en lo que ocupa su pensamiento. Carece de ambiciones, anhelos más allá de lo normal, y actitudes distintas a las de ser un completo servidor. Vive en San Petersburgo, una ciudad muy fría. Y para él, que recibe una paga mínima por su trabajo, significa un problema la condición climática del lugar. Si vives en Rusia, has de necesitar un buen capote, un abrigo que te permita cobijarte y soportar el frío. Así que, Akaki Akákievich necesita urgentemente uno, pues lo que lleva puesto a diario no es más que una prenda gastada a la que sus compañeros de trabajo se refieren como “bata”. Conseguir ese capote dará color a su vida, pues ahora tiene una meta, una ilusión. Es una forma de ser, finalmente, alguien.

Gógol nos permite recorrer junto a su personaje una cantidad de lugares en los que el viento es el visitante más común. A algunas personas el infortunio las persigue y ese es, precisamente, el caso de Akaki Akákievich. Sólo diré que logra comprar su nuevo capote, uno bellísimo que es objeto de elogios por parte de sus colegas. Está feliz, no cae en sí mismo de la alegría que siente. Pero como en todo texto ruso, algo siempre se atraviesa en el camino y altera el curso de las cosas. Yo pienso que la idea del autor era hacer entender a los lectores que la vida no es más que un momento y no es bueno gastarla en pequeñeces.

Este cuento es uno de los mejores que he leído, sin duda alguna. De principio a fin, mantiene atento al lector, no lo deja ir. Y, teniendo en cuenta que se trata de una situación tan sencilla como la vida de un hombre y su fascinación con un capote, es maravilloso el ritmo que logra. Son muchas las interpretaciones que se pueden hacer de esta lectura y, eso es lo brillante. Un texto, un buen texto, no lo es por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta.

Recomiendo este libro con el ánimo de que los lectores puedan hallar una razón más para ser buenas personas.

jueves, 26 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: La corriente – Juliana Restrepo.

Restrepo, Juliana (2016) La corriente. Edit. Angosta. Medellín, Colombia.

(…) Dominique mi miraba y se alegraba de verme, yo también. Dominique era genial y Anne era genial, los quería muchísimo a ambos pero los quería distinto. Con Anne era amiga porque las dos éramos lectoras, románticas y cocineras, Con Dominique, por las historias –nunca me cansaba de oírlas– y porque me adoraba. Me decía Tú eres mi amor, mi último amor (p. 78).
¿Cuántos cuentos escribimos a diario sin proponérnoslo? Habría que hacer un recuento de aquellas cosas que nos suceden y que merecen ser retratadas, descritas, contadas, por más pequeñas que sean. A veces, la mejor historia no es la que narra una gran hazaña, sino la que nos permite comprendernos a nosotros mismos, contando algo sumamente sencillo, como una visita a los amigos, una conversación interesante con alguien respecto a cualquier cosa, o simplemente, lo que sentimos cuando tenemos cerca a esa persona especial, aquella que provoca que nuestro mundo entero se ponga de cabeza.

Pues bien, eso es, precisamente, un poco de lo que sucede al interior de este libro: La corriente, ópera prima de la escritora y física antioqueña, Juliana Restrepo. Sobre ella se puede decir que está casada y tiene dos hijos; es profesora universitaria, investigadora y escritora. No concibe la vida sin la posibilidad de contar algo, pero entiende que todo está un poco más allá de la literatura y por eso ha dedicado sus días a la física. ¿Cómo se pueden combinar dos áreas tan distintas? ¿Ciencia y arte en una misma oración? No es imposible, tal vez difícil. Antes que ella, otros escritores lo han hecho: Julio Verne (1828 – 1905), maestro de la ciencia de la ficción; Antón Chéjov (1860 – 1904), médico y excelente cuentista; e Isaac Asimov (1920 – 1992), quien fuera profesor de bioquímica y amante de las letras. Todos tan brillantes e igual de apasionados por la ciencia.

El libro contiene doce cuentos que narran todo tipo de situaciones, desde las tensiones de la clase alta en un país y en el otro, la nostalgia de estar lejos de casa, la amistad entre mujeres, que viven su vida entre el sexo y el crecimiento intelectual, la vejez y el olvido. Son unas narraciones fluidas y tumultuosas acerca de los sueños que se dispersan y se realizan solos, del recuerdo de lo vivido, del anhelo de lo perdido. Hay algo que es común en todos: una voz que narra desde el pasado hacia el presente, o al revés. La figura del recuerdo cobra relevancia en estas historias y el tiempo es el espacio en el que se desarrollan, la corriente por la que navegan, sin un rumbo fijo, a la deriva.

Entre mis favoritos, de los cuales hablé levemente con la autora, se encuentran Vol-Au-ventRojo Garancières, Composition Notebook, Las promesas, Clases particulares. Relatos finísimos que narran la vida como lo que es: aquello de lo que se puede hablar una y otra vez. Debo decir que ésta autora me ha sorprendido gratamente con la sutileza de su lenguaje y su capacidad para contar, acudiendo a la memoria, retratando lo más cotidiano y sublime de lo humano. Recomiendo éste libro a todos los lectores que quieran recordar lo maravilloso de lo simple.



jueves, 19 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto – Manuela Espinal Solano.

Espinal Solano, Manuela (2016) Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Edit. Angosta. Medellín, Colombia.

(…) Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Quisiera poder describir esta melodía. Los he visto ensayar tantas veces, los he escuchado toda la vida. Conozco todas las canciones, los cortes y las letras perfectamente. Pareciera que tuvieran la intención de entregarnos el legado de la música sin preguntarnos si estamos de acuerdo o no. Nos están entrenando desde pequeñas, estamos casi listas, aunque a mí me falta la sonrisa de diva y a mi hermana la postura. Nos falta el encanto del artista, la presencia. Me faltan las ganas (p. 33).
Hace un tiempo que buscaba leer algo como esto: un libro que me permitiera entender la importancia de ser diferente, de querer gritar a los cuatro vientos sin temor a nada, de poder encontrar en las letras la felicidad que tanto se busca en esta vida.

Tengo 22 años. Escribo todo el tiempo, pero sólo unas pocas personas lo saben. Estudie literatura para enseñarle a otros mi pasión por las letras. Leo, sueño y me lamento, también, casi todo el tiempo. Le temo al pasar de los días, a quedar sentenciado al olvido. Pero a Manuela no le ocurre eso. A ella no le asusta el hecho de que algún día pueda ser olvidada por completo. Tengo la suerte de conocerla y puedo decir que es de las personas más lúcidas que se han cruzado por mi camino. Ella es escritora, y yo aspiro a serlo. Tal vez la vida nos permita, algún día, leernos.

Manuela tiene 18 años. Vive en Medellín. Yo vivo en Bogotá. Ha escrito un libro diminuto, pero maravilloso, impecable, revelador: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto. Un título largo, pero preciso, publicado por Angosta, la editorial de Héctor Abad Faciolince (1958- ). Manuela escribe, aunque no pareciera, una canción de 72 páginas en la que permite que el lector entre en su vida y aprecie la importancia de la voz. No sólo sirve para cantar o hablar, también sirve para soñar y decir “No”. Manuela le dijo “No” a la música, pero no la menosprecia, la adora. Es sólo que quiere escoger su propio camino, marcar su propio ritmo, cantar su canción del alma, esa que le hace sentir mariposas en el vientre y hormiguitas en el corazón.

Compré el libro con la idea de encontrar a una nueva autora de la narrativa colombiana con algo nuevo para contar. Leí el libro con el ánimo de entender a una amiga, y no sé si lo hice. Pero puedo decir, aunque mi palabra no valga nada para muchos, que Manuela Espinal Solano es una las voces más frescas, serenas y reveladoras de la literatura colombiana del siglo XXI. Ella es, sin duda, una de esas autoras que nos mantendrán expectantes durante algún tiempo, hasta que publique su próximo libro, hasta que nos permita saber qué hará con esa voz suya que siempre la acompaña.

Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto, es un libro sencillo de leer, con ciertas polifonías y saltos temporales en su estructura, dedicado a la vida, a la lucha por los sueños y a la voz, porque es con ella que podemos expresarnos. Pero más allá de eso, siento que este libro ha sido escrito para que los lectores podamos sentir que no estamos solos y que el camino, como una escala pentatónica, puede tener distintos recorridos.

Recomiendo esta lectura a toda persona que quiera encontrar la respuesta a aquello que no sabe cómo expresar. Aquí encontrará que se puede cantar, se puede pintar, se puede bailar, se puede hacer ciencia, se puede hablar, se puede escribir.

https://libletter.blogspot.com.co/2016/12/quisiera-que-oyeran-la-cancion-que.html

miércoles, 18 de enero de 2017

Mis Libros Leídos: Una casita en el aire – Gabriela Arciniegas.

Arciniegas, Gabriela (1982) Una casita en el aire. Edit. Plaza & Janés. Bogotá, Colombia.

(…) Y es desde entonces, por el último recuerdo inolvidable que nos dejó, precisamente antecitos de morirse, que todos adoramos el silencio, porque nos lo dejó como si fuera lo último que tenía para decirnos (p. 24).
Nos pasamos la vida pensando en la muerte, preocupándonos por ella: cuándo llegará, cómo llegará, será dolorosa o apacible. Pero no nos damos cuenta de que morimos cada vez que pensamos en ello. La clave de todo está en vivir cada día como si fuera el último. Es cierto, aunque suene a frase gastada. No lo digo yo, lo dicen los libros. Es por esto que hablaré sobre uno que me ha parecido hermoso, en algunos de sus pasajes, y aburrido en otros, pero sobre todo, se me ha hecho profundamente esperanzador.

El libro del que hablo lleva por título: Una casita en el aire. Al mejor estilo de los vallenatos de antes. Y es que, ciertamente, su contenido lleva consigo una musicalidad especial, como de pueblo perdido, como de tierra baldía. Su autora, Gabriela Arciniegas, de quien no tengo registros, salvo por el hecho de que es hija de Germán Arciniegas (1900–1999), uno de los intelectuales colombianos más importantes del siglo XX, ha llegado a mí gracias a esta colección de cuentos que encontré un día, por casualidad, en una librería de viejo. Me acerqué a un montón de libros que estaba arrinconado en el suelo. Por accidente, deje caer los libros que estaban más arriba. Al acurrucarme para ordenarlos, una portada de una casita de lo más rústica llamó mi atención. No había oído del libro ni de la escritora, pero cuando lo abrí me lleve una sorpresa maravillosa: estaba autografiado, con fecha de 1982. Fue como si el libro mismo quisiera que lo leyera. Entonces, lo tomé y me lo llevé.

Acabo de terminar de leerlo y no me arrepiento de haberlo encontrado. Será, sin duda alguna, de las piezas más importantes de mi colección. Es un libro encantador. En su interior hay 17 cuentos cortos, de los cuales algunos son leyendas colombianas, rumanas y checas. Cómo fue lo de mamá Quiquita, es un cuento conmovedor, con un toque de amargura. El día y la noche, es un lienzo a viva voz que dibuja “un viento agrío, teñido de mariposas negras”. En Silenia, Matinée, vespertina y noche, y División, multiplicación y resta, la autora explora un voz fresca, limpia, mientras habla con elocuencia sobre los paisajes distantes. Las manos, es el aporte de misterio que ofrece este libro, tal vez el retrato del remordimiento. El secretario, es un homenaje a Isaac Asimov (1920–1992) y Ray Bradbury (1920–2012), con sus textos de ciencia ficción. Una casita en el aire, es una mezcla de inocencia y lujuria, una narración psicodélica sobre el estar vivo y morir de repente. Y vivieron muy felices, tal vez es el que más me ha gustado; un texto prodigioso en donde una niña descubre el dolor sin saberlo.

No sé si la vida está escrita desde antes en algún lugar, pero de algo estoy seguro: los libros siempre sabrán cómo llegar al lector ideal. Yo he sido, en cierta forma, el lector que éste libro necesitaba. Y éste libro es justo lo que yo necesitaba leer. Recomiendo a todos, que busquen este tesoro y tantos otros, con la esperanza, quizá irreal, de que la vida puede verse desde el aire, estando vivos.