viernes, 28 de octubre de 2016

Mis Libros Leídos: "Corazonadas", de Benito Taibo.

Taibo, Benito (2016) Corazonadas. Edit. Planeta, México.

“(…) si encuentras al amor de tu vida no lo puedes soltar ni un instante, igual que los sueños que tienes y que no se te pueden perder de vista ni un solo momento porque, en caso contrario, los perderás para siempre. Porque el amor es eso, una intuición, un relámpago en medio de la noche, una corazonada que puede salir bien o mal, pero a la que nunca puedes quedar a deber porque no te atreviste a dar el paso necesario” (p. 156 – Corazonadas).
Hace unos días, he terminado de leer mi doceavo libro del año 2016: Corazonadas, de Benito Taibo (1960). Un libro que tiene un valor sentimental muy importante para mí, pues me fue obsequiado en mi más reciente cumpleaños. Fue el número 22. La historia, narrada en forma de una novela corta, da cuenta de la historia de un apasionado lector que vive junto a su sobrino y descubre que lo hermoso de la vida está hecho con las letras del alfabeto y la compañía de aquellos que son amados.

El Tío Paco es un hombre, amante de la lectura, que se ha visto envuelto en una situación complicada. Su hermana ha fallecido, junto con su marido, en un accidente de auto. Su hijo, Sebastián, de 12 años, queda huérfano, y por deseo de su madre (antes de morir), debe ir a vivir con su tío. Paco, quien siempre huyó a la responsabilidad de tener hijos, se ve en la necesidad de cumplir con tal deseo: criar a Sebastián. Entonces, comienza a pensar en la manera cómo debe cuidar de su sobrino, lo que debe enseñarle y lo que no, los libros que ha de recomendarle, la música que le permitirá escuchar, los consejos que le dará… Decide proveer a su sobrino de una “educación sentimental”, como la llama él, que va más allá de enseñarle a leer o a realizar operaciones matemáticas; se trata de enseñarle a ser persona, con cada día que pasa. Una persona distinta, buena, mejor que una persona normal.

Mientras tanto, Sebastián intenta parecer fuerte. La muerte de sus padres lo ha dejado devastado y no está convencido de qué tan bueno sea el Tío Paco, pero la vida le demostrará que no es bueno juzgar a un libro nada más por su portada. Con el tiempo, el Tío Paco y Sebastián vivirán las aventuras más extraordinarias, con la ayuda de los libros, y poco a poco van descubriendo, los dos, juntos, que el mundo es no nada más que un escenario para miles de historias fascinantes.

Ahora bien, debo manifestar que ha sido una de las lecturas más reveladoras que he tenido en mi vida. Me ha permitido pensar y reflexionar acerca de la educación que me brindaron. Aunque fue buena, no fue la mejor de todas. A causa de ello, he tropezado algunas veces, pero lo importante es que siempre me levanto. Corazonadas (2016), es un libro que atesorare en lo más profundo de mi corazón y de mi memoria, pues no sólo fue un bellísimo obsequio de cumpleaños, sino un mapa que me ha ayudado a encontrar el camino que quiero seguir como padre. Cuando lo sea, haré lo que el Tío Paco hace con Sebastián. Seguiré el ejemplo de estos dos personajes para fomentar en mi familia el amor hacia la vida y la literatura. No les enseñaré a sumar y a restar, a leer y a escribir, sino a vivir. Que no significa tenerle miedo a todo y protegerse demasiado, sino, arriesgarse y aventurarse todo el tiempo, porque éste es traicionero y en cualquier momento nos sorprende. Vivir es sonreír, sentir, llorar, amar, leer.

Tengo que decir que después de esta lectura, como con la anterior (Persona Normal), definitivamente, mi vida será distinta, porque soy un poco menos lo que el mundo quiere que sea, y un poco más lo que yo quiero ser: un amigo, un padre, un lector. Doy gracias, una vez más, a mi madre, por haberme enseñado a leer; y a mis maestros, por aclararme el camino.

Pues bien, recomiendo leer Corazonadas a toda aquella persona que no quiera ser normal, porque ya hay muchos, debemos resistir. Leer es resistir. Por eso, entre cómplices nos entendemos y podremos decir, en algún momento, gracias a Dios, porque nos permitió leer para darnos cuenta de que “en cada historia, siempre hay dos versiones”.

martes, 4 de octubre de 2016

Mis Libros Leídos: "Persona Normal", de Benito Taibo.

Taibo, Benito (2011) Persona Normal. Edit. Destino. Grupo Planeta, México.

“(…) Y deshago el camino rumbo al coche. Volteo un par de veces mientras camino. Miro de lejos a las dos personas más importantes de mi vida en medio de ese lugar mágico, por donde se filtran los rayos del sol y danzan los árboles con la suave brisa que ahora mismo se ha desatado. No cambiaría este momento por un Premio Nobel, por una isla con tesoro, por la eternidad a cambio de que olvide. Se han sentado sobre las hojas, Sofía se soltó la cola de caballo y el viento mece sus cabellos a un compás que sólo la naturaleza entiende; Paco mira hacia las copas de los árboles. Vuelvo con las viandas. Tenemos vino, jamón, queso, tomates frescos, aceite de oliva, frutas, pan campesino. Lo tenemos todo. Nos tenemos a nosotros” (p. 168 – Persona Normal).

He terminado de leer mi undécimo libro del año 2016: Persona Normal, del escritor mexicano, Benito Taibo (1960). Se trata de una novela corta que da cuenta de la vida de un apasionado lector que vive junto a su tío y descubre que lo hermoso de la vida está hecho con las letras del alfabeto. Sebastián es un niño de 12 años que pierde a sus padres en un accidente de automóvil. Desde entonces, queda huérfano y es puesto bajo el cuidado de su Tío Paco. Para Sebastián, Paco no es el más indicado para criar a un niño, pero la vida le demostrará que no es bueno juzgar a un libro nada más por su portada. Con el tiempo, el Tío Paco y Sebastián viven las aventuras más extraordinarias, con la ayuda de los libros, y poco a poco van descubriendo, los dos, juntos, que el mundo es nada más un escenario para miles de historias fascinantes.

Benito Taibo, éste singular autor mexicano, ha escrito éste libro con el fin de rendir un homenaje a los libros que han hecho de él la persona que es hoy en día. Sin duda alguna, un lector apasionado se identificará con el personaje central de la novela desde el primer momento, pues todo lo que hace, lo que cuenta y lo que vive, lo hemos vivido todos aquellos que disfrutamos ver el mundo a través de las páginas de un libro. De modo que, yo soy Sebastián, tú eres Sebastián, él y ella son Sebastián, ellos son Sebastián, aquellos otros también, hasta la mamá de tu novia, nosotros lo somos. Todos somos Sebastián, un niño que encuentra la razón de su existencia en las letras.

Hasta este año no sabía yo de la existencia de Benito Taibo, ni que era escritor, ni mucho menos un lector, como yo, un cómplice. No tenía ni idea. Su obra llegó a mi vida gracias a los libros. Una sucesión de experiencias maravillosas. Es así como debe fomentarse el amor por la literatura, como si de un juego de relevos se tratara. Primero uno que lee y enseña, luego otro que ama y lee, y después, otro que vive la vida leyendo, amando y escribiendo.

Pues bien, se ha necesitado del amor hacia las letras de múltiples lectores para que yo llegue a éste libro, lo cual agradezco demasiado, pues se ha convertido en uno de mis favoritos en todo el mundo. No miento, es de mis favoritos. Es, hasta el momento, el único libro que me ha hecho reír, llorar y pensar con tanto entusiasmo. Y debo decir que no soy de los que cambian de favoritismos a cada rato. De hecho, no es muy común en mi persona. Pero, después de esta lectura, definitivamente, mi vida será distinta, porque soy un poco menos lo que el mundo quiere que sea, y un poco más lo que yo quiero ser, algo totalmente distinto a una Persona Normal.

Doy gracias a mi madre, por haberme enseñado a leer. A mis maestros, por permitirme enamorarme de las letras, dejando de lado la complejidad maravillosa de los números. A la vida, por permitirme andar, no con los pies, sino con la mente.

Recomiendo la lectura de este libro a toda persona que no quiera ser normal, porque ya hay muchos, debemos resistir. Leer es resistir. Por eso, entre cómplices nos entendemos y podremos decir, en algún momento, gracias a Dios, porque me permitió leer.



lunes, 3 de octubre de 2016

Mis escritos: Manifiesto de un votante inconforme

Esperaba un país diferente, uno en el que las armas no fueran más importantes que los libros, uno en el que las personas pudieran aprender de sí mismas. Pero, no fue así, me tocó vivir en Colombia. 

Yo voté por el SÍ, porque quería saber qué ocurriría en los días siguientes, porque quería dejar de sentirme intranquilo. Voté por el SÍ, porque era mi deber como colombiano. 

El 2 de octubre de 2016, 7 días antes de mi cumpleaños, me desperté temprano, con la ilusión de poder vivir un día distinto. Saludé a mis padres y desayunamos juntos. Nos vestimos para salir a ejercer nuestro derecho al voto. Sólo había que caminar un par de calles. Estaba lloviendo. En el camino, me fijé en la gente que, con sombrillas sobre sus cabezas, andaban meditabundos. Yo, que no soy muy fanático de los temas de la política, sentía un tanto más de esperanza que en otros días. Tal vez, entendía que por primera vez estaba latente la posibilidad de cambiar. 

Al llegar al sitio, nos dividieron a hombres y mujeres, entramos y recuerdo que lo primero que se me ocurrió decir fue: ¡qué decepción! La cantidad de personas que estaba allí para votar era tan poca que podía contarse con los dedos. Caminé hasta la mesa que me fue asignada y voté, no sin antes fijarme en el evidentemente aburrimiento que expresaban quienes coordinaban las acciones de los votantes. Con esas caras, cualquiera se desanima. Deposité el papel con mi voto en una urna y me dirigí hacia la puerta de salida. Allí esperé a mis padres y regresamos a casa. Durante el resto del día decidí aislarme del tema y distraerme con otras cosas. Terminé de leer un libro, mi favorito, vi una película, jugué al fútbol en mi consola de videojuegos y completé una tarea que tenía pendiente. Para cuando llegó la noche, la esperanza se había disipado.

A las 6pm comprendí algo que se me había presentado cuando estuve en México, un año antes, pero que no había sido claro hasta ese instante: Amo a mi país, no a las personas que lo ocupan. Me hallé defraudado ante mi patria. Publiqué en mi perfil de Facebook una frase sencilla, pero que expresaba todo lo que sentía en ese momento: ¡qué país de mierda! Vivo en un país de mierda que en ocasiones como ésta, se olvida de que pesan más las ganas de vivir que las de matar, y que celebra el regocijo de un asesino que sonríe victorioso desde su finca erigida con la sangre de los inocentes. Es triste, es deplorable, es patético. Vivo en un país de gente que acaba con la gente. Lamentable.

En materia de política no hay nada que hacer, nunca estaremos de acuerdo, es nuestra naturaleza. Pero, si de humanidad se trata, tal vez haya esperanza. Ahí está esa palabra, otra vez ¿Por qué siento que nadie la puede borrar? Es cierto, entonces, que es la esperanza lo último que se pierde.

Ganó el NO a la paz, es una lástima. Pero, quienes votamos por el SÍ, sabemos que perdimos una batalla, pero no la guerra. Una guerra sin armas, una con libros y lápices de colores, sonrisas y lágrimas de alegría. Yo voté por el SÍ, porque confío en que podemos mejorar. Cambiar nos quedó difícil.

Esperaba un país diferente, uno en el que la paz fuera el sueño de todos. Pero, no fue así, me tocó vivir en Colombia.